Keiko Fujimori, la nikkei que asumirá la presidencia de un Perú dividido
La hija del expresidente Alberto Fujimori tomará el poder el 28 de julio en medio de una nación marcada por la polarización y la inseguridad
Keiko Fujimori, conservadora de 51 años y descendiente de japoneses, asumirá la presidencia de Perú el próximo 28 de julio de 2026. Tras una reñida elección con el izquierdista Roberto Sánchez, Fujimori enfrentará el reto de gobernar un país fracturado por la violencia, la corrupción y la inestabilidad política, además de una economía con crecimiento moderado pero con altos niveles de pobreza e informalidad. Su mandato se extenderá hasta 2031, devolviendo al fujimorismo al Palacio de Gobierno después de más de dos décadas.
El legado y la herencia de Alberto Fujimori
Keiko Fujimori es hija del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), figura emblemática y controvertida en la historia reciente de Perú. Alberto Fujimori es recordado por sus políticas de mano dura que lograron controlar la hiperinflación y derrotar a grupos armados como Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Sin embargo, también está marcado por el autogolpe de 1992, acusaciones de corrupción y crímenes de lesa humanidad.
Keiko creció bajo esta sombra política: fue primera dama a los 19 años tras el divorcio de sus padres, ha liderado el partido Fuerza Popular y estuvo en prisión preventiva durante más de un año por el caso Odebrecht. Su apellido le ha brindado tanto apoyo como críticas.
Orígenes y comunidad nikkei
Nacida en Lima en 1975, Keiko pertenece a la comunidad nikkei, descendientes de japoneses que emigraron a Perú a principios del siglo XX. Sus abuelos paternos provinieron de la prefectura de Kumamoto, Japón, y su madre también tiene ascendencia japonesa. Su padre fue el primer presidente peruano de origen nipón, un hecho histórico para la comunidad.
Desafíos y promesas de gobierno
La campaña presidencial de Keiko Fujimori estuvo marcada por la preocupación ciudadana ante el aumento del crimen organizado. En 2025, Perú registró más de 26 mil denuncias por extorsión, cifra nueve veces mayor a la de hace cinco años. Fujimori ha prometido implementar una política de “mano dura”, que incluye la militarización de calles y cárceles, así como la expulsión de migrantes indocumentados, particularmente entre la población venezolana.
Este discurso ha generado atención debido a sus propios orígenes migratorios, pero Fujimori distingue entre la migración histórica que se integró al país y la actual migración irregular, que asocia con problemas de seguridad. Además, busca estrechar relaciones con Estados Unidos y fomentar la inversión privada para impulsar la economía.
Gobernar un país fragmentado
Desde 2016, Perú ha tenido ocho presidentes, reflejo de su crisis política e institucional. El Congreso mantiene amplias facultades para destituir al Ejecutivo, y el partido de Fujimori, Fuerza Popular, no cuenta con mayoría propia en el Legislativo.
Aunque la economía peruana creció un 3.4% en 2025 y registró la inflación más baja de América Latina, la pobreza afecta al 27% de la población y el 70% de los trabajadores se encuentran en la informalidad.
El candidato derrotado, Roberto Sánchez, impugnó los resultados ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sin presentar pruebas concluyentes. Fujimori ha llamado a la “reconciliación y unidad”, enfrentando el desafío de demostrar si podrá superar el legado polarizador de su apellido y conducir a Perú hacia un periodo de estabilidad.
Para más información sobre la situación política en América Latina, puede consultarse el sitio oficial de la Organización de Estados Americanos.
Keiko Fujimori inicia su mandato en un contexto de alta incertidumbre política y social, con el reto de reconciliar a un país dividido y afrontar problemas estructurales que han marcado a Perú en las últimas décadas. Su presidencia será observada con atención tanto por sus seguidores como por sus críticos.
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